Diario El Mundo,
Madrid, 15 de Enero de 2005

Cuando los mitos de Cortázar se tambalean

Libros: ´Cortázar sin barba´

El periodista y realizador argentino Eduardo Montes-Bradley indaga en la opaca niñez del escritor Julio Cortázar y en la sombra del padre desaparecido MADRID.- «La idea de escribir una autobiografía me resulta desagradable y sé que no la voy a escribir nunca», le dice tajante Julio Cortázar al periodista uruguayo Omar Prego en el libro de conversaciones La fascinación de las palabras. El escritor ya había reflexionado sobre el asunto en La vuelta al día en ochenta mundos, donde sostenía que, si Robert Graves o Simone de Beauvoir hablaban de sí mismos, la respuesta era un «gran respeto y acatamiento», pero que, si lo hacían él, Sábato o Carlos Fuentes, se pensaría que se consideraban importantes y no se les perdonaría que contasen las diferencias o broncas con sus colegas de profesión. Está claro que Cortázar era reacio a hablar de su vida, sobre todo de sus orígenes, y también está claro que no es uno de los escritores más biografiados, por lo que su figura está llena de creencias, leyendas y mitos que ahora el periodista y realizador argentino Eduardo Montes-Bradley, que ya dirigiera un documental sobre el autor de Rayuela, se propone desmontar en Cortázar sin barba, una biografía que la editorial Debate publica ahora en España. El autor de la obra recurre al humor y a la ironía para demostrar de qué manera el escritor, con su actitud, sus silencios y sus verdades a medias, fue creando la imagen que más le gustaba de sí mismo y de qué manera los argentinos se apropiaron de aquellos elementos que más les convenían para convertir a Cortázar -cuyo éxito se fraguó fuera y que siempre puso mucho empeño en conseguir la nacionalidad francesa- en uno de los grandes de su literatura. Aunque no quiso escribir directamente sobre su vida, a Cortázar le preocupó dejar las pistas más adecuadas («no quiero malentendidos», decía) para que lo hicieran futuros biógrafos y, pese a su discreción, no son pocos los datos que derrama en su obra de ficción, no son pocas las ocasiones en las que el escritor deja asomar el que fue su gran dolor y uno de los aspectos en los que más incide el libro de Montes-Bradley, el abandono del padreen su niñez, con la consiguiente sensación de una absoluta soledad. El biógrafo anima al lector a releer el cuento El hijo del vampiro, bastante significativo al respecto, al tiempo que indaga en los recovecos del pasado del escritor, en la historia de su familia, antes de llegar a la parte de su trayectoria más conocida, la que tiene lugar cuando arriba en la década de los 50 a Europa. Los escritos de Cortázar, así como algunas peripecias y anécdotas, que crecen a la par que la investigación sobre su trayectoria se va llevando a cabo, conforman una entrega que cuestiona algunas ideas muy fijas en torno al autor. Así, el hecho de que su padre fuera diplomático, la explicación de que su manera de hablar arrastrando las erres fuera consecuencia de su formación francesa y no de un fallo fonético, la leyenda alrededor de su gigantismo, de su crecimiento imparable, hecho que, según el biógrafo, no tiene consistencia y cuya explicación está en la elevada altura de los miembros de la familia del escritor. Pero, sobre todo, resulta reveladora la tesis que se mantiene en Cortázar sin barba acerca de cómo la madre y la abuela del autor le hicieron creer siempre en el total abandono de su padre, cuando al parecer éste hizo intentos de acercarse a sus hijos -a Julio y a su única hermana, Ofelia-, viéndose repetidamente frustradas sus intenciones por la tajante negativa de la madre. «Las biografías del escritor que se han transmitido habitualmente amplifican las voces de las mujeres en la vida de Cortázar, acallando asimismo los ecos de todo referente masculino. Madre, abuela y hermana conforman un primer universo excluyente al que no va a sobrevivir el más mínimo residuo de testosterona», sostiene el biógrafo. En su opinión, el padre desaparecido -más bien quitado de la foto- sirve a Cortázar como chivo expiatorio al que echar todas las culpas. «Es el protagonista de un lastimoso tango que le servirá como fuente inagotable de conflicto en sus escritos». Montes-Bradley se remonta al abuelo materno de Cortázar, Luis Descotte Jourdan, un comerciante gracias al cual los padres del escritor viajan a Bruselas, donde éste nace, permaneciendo en Europa los primeros años de su vida-coincidiendo con la I Guerra Mundial- y volviendo a Buenos Aires -forzados por las circunstancias- cuando el abuelo muere en un naufragio. La madre de Cortázar es hija ilegítima -Luis Descotte se desenvolvió con naturalidad entre dos familias- y este hecho resulta fundamental en la biografía del escritor, ya que, como apunta el biógrafo, «de un modo u otro, la naturaleza que sugiere haber nacido en el seno de una familia desplazada por otra, en función de privilegios y legitimidad, tiene mucho que ver con el Cortázar que se construye a posteriori para ocultar la infamia». La vergüenza, el rechazo y el desplazamiento por parte de la familia legítima, una familia de rango dentro de la pequeña burguesía porteña, es, sin duda, un hecho fundamental que ha sido poco estudiado. Montes-Bradley confiesa que la primera mujer del escritor, Aurora Bernárdez, a la que se debe gran parte de la publicación de la correspondencia del escritor, le manifestó su «desencanto» ante la que consideraba una intrusión en la vida familiar. «Pero cómo puede contarse la historia de Cortázar sin hablar de sus circunstancias», reflexiona el autor, quien mira al personaje con lente de aumento, aporta datos de indudable interés y también divaga e interpreta, puede que correcta o equivocadamente. En cualquier caso, el lector comprueba asombrado cuántos espejos existen de Cortázar, cuántas piezas del puzzle de su vida quedan aún por armar. La política, lo fantástico, las cartas Son muchos los aspectos reveladores de la biografía que ahora llega a las librerías españolas. Montes-Bradley analiza las ideas políticas del escritor, su cambio de actitud -hasta entonces conservadora, a partir de ahí comprometida- cuando conoce de cerca la Revolución Cubana en 1963. Este capítulo de la biografía del autor de ´Bestiario´ fue desarrollado previamente por el realizador en un documental que ponía de manifiesto la contradicción del escritor entre su afán de tomar partido, ser bondadoso y luchar por las causas justas, y su deseo de quedarse en casa tomando tranquilamente un whisky y escuchando jazz. ´Cortázar sin barba´ desmonta las ideas en torno a la simpatía del autor hacia el franquismo, sostiene que existen múltiples rostros de Cortázar y desarrolla la tesis de que el escritor poseía una particular estrategia para sobrevivir en las circunstancias más adversas, tejiendo redes de amistad en todos los frentes, «soberano en corte de poetas, imprenteros, fotógrafos, músicos, bibliotecarios, profesores universitarios, críticos y revolucionarios de turno». «A todos habrá de conformar con su erudición enciclopédica», señala el biógrafo, quien sigue las huellas de un enigmático personaje por el que Cortázar sintió fascinación, el poeta judío Fredi Guthmann, protagonista de aventuras tan exóticas como las que él leía en los libros. La entrega también se para en la devoción del escritor argentino por lo fantástico y lo gótico -tan presentes en su literatura-, así como en sus creencias en el destino y en la influencia de los astros. Montes-Bradley hace hincapié en la afición de Cortázar por el género epistolar y se lamenta de que su madre acabase quemando todas las cartas que éste le enviara desde Europa -una cada 15 días- para que tanta intimidad no acabase en manos ajenas. Tampoco se conservan las cartas que cruzó con García Márquez o Vargas Llosa, sombras en un camino iluminado, en todo caso, por la ficción.