Entrevista con Eduardo Montes-Bradley ARENA, Suplemento cultural de EXCELSIOR México, 25 de julio de 2004 por Alejandro Cavalli Julio Cortázar cumpliría 90 años el próximo 26 de agosto. Nos adelantamos a la efemérides con esta entrevista exclusiva, realizada en Buenos Aires, con el escritor, cineasta y documentalista argentino Eduardo Montes-Bradley, a propósito de la publicación de su libro-biografía Cortázar sin barba, editado por Sudamericana. A través de la recopilación de una serie de documentos y de algunos testimonios oportunamente seleccionados, Montes-Bradley intenta desmitificar la figura de Julio Cortázar, detallando anécdotas de la juventud del escritor. “Su propósito no es exhumar a uno de los próceres del Panteón de la Literatura Nacional para practicar tiro al blanco, deporte que no es casual que se haya puesto de moda a 20 años de la muerte del escritor” (extracto de la entrevista que Silvina Friera le hizo a Montes-Bradley para el diario argentino Página 12). En seguida, la entrevista con Arena: ¿Cómo surge la idea de hacer una biografía de la juventud de Cortázar, lo conociste personalmente? Creo que surge de la lectura de otras biografías en las que la etapa de la que nos ocupamos en Cortázar sin barba pasa alegremente por las páginas como si la vida del protagonista hubiera, efectivamente, comenzado después de los cuarenta años. Lo mismo sucede con muchos otros mitos, creo que algo dice Eloy Martínez en la Novela de Perón, me refiero a eso de que los mitos nacen cuando ya son grandes, así como Perón nace un 17 de octubre y Ernesto Guevara parece haber nacido en 1959; Cortázar nace con un cigarrillo en la boca, con barba y hablando de la revolución desde un cafetín parisiense. Creo que cuando tomé conciencia de eso fue que decidí averiguar qué había antes, cómo se había podido construir la casa sin los cimientos. En cuanto a la segunda parte de la pregunta, puedo asegurarte que no lo conocí personalmente, que no tengo ninguna fotografía junto al maestro y que jamás me dedicó ningún libro. En el libro desmitificas lo que Cortázar siempre afirmaba, que nació en Bélgica por un accidente, ya que su familia se encontraba allá debido a que el padre era diplomático. ¿Por qué el escritor afirmaba esto cuando, en realidad, según los datos que vos recoges y expones, no tiene asidero de que el padre haya ocupado tal cargo? El escritor (es decir Cortázar ya consumado) habla por boca de su madre. Evidentemente algo sucedió alrededor de 1920, algo que hizo que el padre se alejara o lo alejaran de la casa. Las explicaciones que le da la madre al hijo son las que el hijo nos da a nosotros muchos años más tarde. Admitir que el padre era representante comercial del abuelo materno en Bruselas dejaba abierta la posibilidad de que algún día Julio fuera a indagar por su abuelo, lo cual no estaba muy bien visto considerando que la abuela era la principal protagonista de la casa chica. Que el nieto de la amante anduviera husmeando hubiera sido un verdadero escándalo en la época para la familia Descotte en Buenos Aires. Aunque por otra parte, debo admitir que en la casa grande se sabía casi todo. De hecho he tenido oportunidad de conversar con los descendientes “legítimos”, como se decía entonces, de don Luis Descotte y, al parecer, la relación con la abuela del escritor era un secreto a voces. La gran fabuladora, la gran contadora de historias es María Herminia, algo absolutamente entendible dadas las circunstancias. ¿Qué hay de aquel mito que dice que el acento afrancesado de Julio no era el resabio de su niñez en Europa, sino que era debido a un problema físico? Es una obviedad camuflada por la madre. Quiero decir, un niño que sufre de un tipo de dislalia que hace que pronuncie las erres guturales, esas que tanto se parecen a la pronunciación francesa y que yo pude escuchar muy frecuentemente entre los italianos, particularmente del Piamonte. Ahora bien, teniendo en cuenta las ínfulas de una señora de clase media argentina, veremos que nos es difícil sucumbir a la tentación de querer disfrazar ese defecto con un “el nene aprendió el francés antes que el castellano”, lo cual es una tontería, porque los niños a los tres años no hablan sino el idioma de la madre, y el idioma de la madre, en este caso, era el castellano a la Banfield donde te criaste, como bien puede deducirse en infinidad de cartas. Lo curioso es que Cortázar, que jamás consiguió hablar el francés sin acento, dijera que tenía acento francés a la hora de hablar el castellano. Pero yo creo que en este caso Cortázar encubre pero no cree, digo esto porque al menos en un par de oportunidades deslizó que podía tratarse de un defecto y no de una afectación, pero, claro, estaba de por medio la historia oficial promulgada por la madre y eso no es tan fácil de contrarrestar. En el libro cuentas que en la medida en que la relación entre el escritor y Carol Dunlop se profundiza, el hijo que ella había tenido con el poeta vanguardista Francois Hebert, Stéphane, se convierte en un obstáculo, al punto que Julio le dice a ella que no podría convivir con los dos, y, ante esta disyuntiva, Carol pacta con el padre de Stéphane para que éste se vaya a vivir con él a Montreal. ¿Tan egoísta e inhumano pudo ser Cortázar para separar al hijo de su madre? ¿Por qué crees que él no tuvo hijos? No cabe duda que hay una valorización de tu parte que puedo o no compartir ni dejar de compartir. ¿Es inhumano separar a una madre de su hijo? Habría que ver hasta qué punto no estaban ya jugadas las fichas en aquel destino. Resulta muy cristiano eso de creer que “alguien debió separarlos”; se parece peligrosamente a la idea de que “el padre los abandonó”. En la vida no suele haber culpables, la naturaleza de los acontecimientos es más compleja que eso y no encuentra tan fácilmente chivos expiatorios. Como dirían los sicoanalistas, él no le hizo dejar nada que ella no quisiera dejar. En cuanto a por qué no tuvo hijos, no lo sé. No creo que tenga demasiada importancia salvo por el hecho de que Cortázar nunca dejó de ser hijo y que eso pareciera un impedimento. ¿Qué asidero tiene la anécdota de que en su juventud Cortázar apoyó a Franco en España? ¿Y aquella de que tomaba al 4 de julio como el Día de la Independencia? Para la primera, ninguno, todo lo contrario, y creo que queda desenmascarada la canallada que generó semejante arrebato por parte de un grupo de nacionalistas exaltados. Cortázar fue abiertamente liberal, republicano y aliadófilo. Eso también explica que festejara el 4 de julio (dato consignado en una carta). En la Argentina de tiempos de la guerra había quienes festejaban, como Cortázar, el Día de la Independencia norteamericana (muy festejable, por otra parte) y quienes participaban, como cuenta Osvaldo Bayer, de las fiestas de cumpleaños que la embajada alemana le organizaba a Hitler en el Club Albatros. Ser pro norteamericano, aliadófilo, en la década del 40, era todo un signo de salud mental por parte del Cortázar de entonces. En el libro haces hincapié en que Cortázar nunca pudo superar que su padre abandonara a la familia cuando él era un niño, ni aun de grande. ¿De qué manera piensas que influyó esto en su literatura? No soy crítico literario. Hecha la salvedad, y tan sólo como lector y biógrafo, puedo decirte que las influencias tienen que ver con la totalidad de la obra y no con un determinado cuento, aunque hay textos que son francamente reveladores de la presencia de su padre, como en el relato “El hijo del vampiro”, concebido en 1936 cuando el autor todavía no se decidía a dejar de ser Julio Denis. Pero es en la totalidad de la obra, en el viaje de Cortázar que comienza en Bruselas en 1914 y acaba en París en 1984 donde creo vislumbrar la odisea de Telémaco, cuyo único propósito pareciera ser encontrar a su padre y vengar el honor de su familia. ¿Según tu investigación, cómo recordaba Cortázar a la región pampeana, lugar en donde vivió cuando era un joven, trabajando como profesor? No creo que la recordara demasiado. De hecho son ínfimas las menciones de Cortázar a la Pampa, a Mendoza, a su paso por esos mares. Como viajero, o tiene poca memoria o hay muy poco que recordar de esos lugares y yo me inclino por la segunda de las variantes. Cortázar vivió como azarosos esos años a la deriva en busca de su identidad. ¿Qué sentido tenía evocar esos lugares fuera de la anécdota de compromiso? No creo que la Pampa haya afectado la literatura de Cortázar, sino exactamente lo contrario. ¿Sentiste en algún momento, al escribir esta biografía, que se te cayó el ídolo al indagar en él? Nunca idealicé la figura de Cortázar. ¿Qué datos o informaciones sobre el Cortázar joven que anhelabas hallar no lograste encontrar? Su partida de nacimiento. Con lo cual, quizá, no haya nacido nunca. En varios párrafos afirmas que el escritor, en su extensa correspondencia, escribe lo que él supone que el interlocutor quiere oír, en busca de complacerlo. ¿Qué opinaría Julio de esta apreciación? ¿Y qué de tu biografía sobre su juventud? Habría cosas que hubiera preferido no ventilar. Pero, en términos generales supongo que le hubiera parecido bien. Aunque nadie puede juzgar eso mejor que Aurora Bernárdez. ¿Estás trabajando en algún libro nuevo? ¿De qué va? Estoy trabajando en un texto que se titula provisoriamente “Vidas paralelas” y tiene como protagonista al siglo en las voces de Roztchner, Viñas, Cortázar, Borges, Bayer, Tizón, Rivera, Bizzio, Guebel, Bajarlía, Laiseca, Shua. Son relatos entrelazados que van narrando la historia del siglo XXI. Siendo que esta es una entrevista para México, ¿quieres decirle algo en especial a tus lectores de allá? ¿Cómo es tu relación con ese país y con su cultura? Me gustaría encontrar a gente que hubiera conocido en los años cincuenta y sesenta a don R-E Montes i Bradley, un tío abuelo del que escucho con frecuencia anécdotas desopilantes. Quizás alguien asocie mi apellido con aquel otro y recordase historias de aquél en tierras mexicanas que valgan la pena de ser narradas antes que el tiempo se las lleve (por pedido del entrevistado agrego aquí su mail, por si hay alguien sabe algo de este tío y quiere escribirle a Eduardo Montes-Bradley: emb@contrakultura.com). R-E pasó más de veinte años viviendo en México, creo que fue redactor de EXCELSIOR y que colaboró con muchos otros medios y suplementos de cultura. Recuerdo una anécdota de las muchas al respecto y fue cuando lo llamé a Fuentes la primera vez y al anunciarme con su secretaria, él se puso inmediatamente al teléfono y me preguntó que cuántos años tenía yo. Claro, mi tío abuelo andaría hoy por el siglo cumplido y evidentemente Fuentes lo recordaba entre las amistades de su padre. Lo cual, dicho así al pasar resulta curioso si lo vinculamos con la anécdota del número 9 Pl. du Géneral Beuret, cuando Fuentes confunde a Cortázar con su padre. En cuanto a mi relación con México y su cultura, puedo decirte que gozo mucho en cada una de mis visitas, que tengo familia y buenos amigos en ese país que gracias a Dios, mantiene al Estado y la Iglesia bien separaditos el uno del otro.