El Mercurio, Santiago, Domingo 27 de junio de 2004 Eduardo Montes-Bradley: "Cortázar siempre fue un nene de mamá" por Carolina Andonie Dracos En la foto: Julio Florencio y su hermana, Victoria Ofelia, en la casaquinta de Banfield (sur de Buenos Aires), en 1926.Foto:Gentileza de Eduardo Montes-Bradley. La biografía del documentalista argentino revela una cara desmitificada del autor de "Rayuela": apollerado, reprimido y queriendo ser famoso a toda costa. "Me está dando miedo; lo suyo ya se ha vuelto policial", le dijo a Eduardo Montes-Bradley la primera esposa de Julio Cortázar, Aurora Bernárdez, quien conserva parte de su legado. No era para menos; a medida que avanzaba su investigación, el cineasta y escritor argentino se fue transformando en un obseso cortazariano, capaz de deducir el día en que fue tomada una fotografía sólo por la corbata con que aparecía el autor de "Bestiario". La proeza de este atípico biógrafo se pobló de las más insólitas situaciones, como cuando fue a Londres a entrevistar a Carlos Fuentes y, cerca de su casa en Chelsea, un asaltante árabe le arrebató cámara y billetera, para después ofrecerse gustoso a venderle su cimitarra. Por algo a Montes-Bradley le acomoda más lo de "crónica de viaje" para definir "Cortázar sin barba" (Sudamericana), que partió de tanto material acumulado a propósito de "Cortázar. Apuntes para un documental". Cuando exhibió en Buenos Aires su controversial mirada del canonizado literato, la ira de un grupo de púberes no se hizo esperar: "Las adoratrices de Cortázar me querían linchar, porque es una figura que trasciende la literatura y se inserta en un lugar del snobismo pop de la clase media. Por momentos, su figura converge con la de Ricky Martin", recuerda desde Miami Montes-Bradley, también creador de "Harto The Borges". -Quizá este Cortázar desbarbado dejaba mucho que desear. "Cuando desmitificamos no demolemos, construimos. Los mitos, especialmente los populares de la clase media, son creados por la gente más bruta, carente de todo tipo de imaginación. Me encanta la idea de un Cortázar reprimido por la madre, anhelando conocer a su padre, queriendo ser famoso a toda costa". -Su madre, Herminia, aparece como un ser siniestro, castrador y arribista. "Bueno, es una madre argentina. Herminia es la que inventa al primer personaje Cortázar, ella es el arquetipo de la clase media, es burra, ignorante, ni buena ni mala, está más allá del bien y del mal. Para ocultar que el niñito hablaba con una deficiencia fonética, le inventó un acento infantil; para ocultar que el padre no estaba nunca, dijo que era diplomático; cuando seguía sin venir, dijo ´nos abandonó el diplomático´. Sólo faltó que dijera que murió en una guerra en África". -Pero Cortázar tenía ancestros aristocráticos por el lado paterno; incluso, usted señala que eran primos lejanos con el Che. "Sin embargo, él no lo sabía, además todos los argentinos tenemos antecedentes aristocráticos (ríe). Cortázar escribe un poema donde anhela tener su nombre en una estampilla, un primo con una estancia. Yo digo ´no te hagas el que no lo tenés, porque tenés todo eso, lo que pasa es que no lo sabés´. Su madre quería acceder a ese mundo, pero como no lo logró por sí misma, le transmitió sus requerimientos al hijo". -Un hijo bastaste obediente. "Es que no hay nada más importante para un argentino que él mismo y la madre: Gardel y su madre, Perón y su madre, Evita, Maradona, Cortázar, Borges, ¿quieres que siga? No hay padres. Inventamos unas figuras sensacionales que son los desaparecidos con madres y sin padres. Es una peligrosísima vaginocracia. Cortázar, en parte, es un nene de mamá. Con angustia veo eso reflejado en sus textos, en los que busca desesperadamente al progenitor. Su literatura es el viaje de Telémaco tras la pista de Orfeo, un señorito europeo que vuelve de las manos de su madre al mar de las pampas a buscar al padre y cuando no lo encuentra se regresa, muy enojado, por lo demás". -¿Cómo fue recibida su biografía en Argentina, especialmente en este año, que es todo conmemoración? "Se pusieron muy nerviosos. Denuncio a los lectores de clase media que se tragaron el caramelito y a los biógrafos que se encargaron de hablar sin ningún tipo de rigurosidad. La argentina es una sociedad en crisis, donde mienten los diarios, los investigadores, la gente lee las mentiras y les encantan. Es un país flan, un país banana". -Junto a Herminia, la izquierda argentina tampoco escapa a su embate. "La izquierda se la pasa inventando y repite estupideces como que la conversión de Cortázar viene cuando este descubre el fenómeno de la Revolución Cubana, pero la historia no es así. El compromiso de Cortázar era con él mismo, no existe el compromiso del argentino de clase media con la humanidad. El Che no estaba comprometido con la humanidad sino con la aventura, le iba bien y la pasaba bomba. Si en el proceso podía hacer algo maravilloso o restituirle a alguien algo de dignidad, mejor". -¿Siente que es en torno a la izquierda donde se tiene que dar la gran discusión? "Sí, porque es una entidad absolutamente conservadora. Mi biografía no dice que Julio Cortázar era un reaccionario o que no se hizo de izquierda en los 60. Señalo que fue democrático y consecuente. Como la historia de Argentina la escribe la izquierda peronista, ésta no puede entender en su cabecita infantil que haber sido antiperonista en 1946 es haber sido democrático. Han querido convertir a Jorge Luis Borges en un hombre de derecha, cuando fue una de las mentes más progresistas, más liberales del siglo XX. La suya fue una entrañable habilidad para manejar la ironía y la incapacidad de los otros para leerla no lo hace un hombre de derecha. ¿Cómo se puede debatir por cinco años lo que quiso decir con el primer verso del Poema 20 y descartar cualquier doble sentido cuando afirmó que ´Videla era un caballero´? Tengo bronca con todas estas conclusiones del pasado y espero que mi libro sirva para desmentir, por lo menos, parte de ellas". "CORTÁZAR SIN BARBA" Eduardo Montes-Bradley Editorial Sudamericana 335 páginas $9.800