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CONTRAKULTURA presenta HARTO THE BORGES un documental de EDUARDO MONTES-BRADLEY realizado con apoyo del INCAA con los testimonios de Horacio González, Martín Caparrós, Christian Ferrer, Ariel Dorfmann, Franco Lucentini, Paolo Collo, Osvaldo Bayer, Luis Sepúlveda, Mempo Giardinelli, Alejandro Horowicz producción EDUARDO MONTES-BRADLEY y SOLEDAD LIENDO productor asociado SARA KAPLAN compaginación EDUARDO MONTES-BRADLEY dirección EDUARDO MONTES-BRADLEY La estrategia de Montes-Bradley para hablar de un escritor sobre el cual ya se ha dicho todo consiste en darle la palabra al propio Borges y a un grupo de intelectuales ubicados al costado de la vida institucional. Pero Montes-Bradley no exhibe a Borges como un cuadro a ser admirado sino como contrapunto a las observaciones de otros. No estamos aquí ante una celebración cholula proveniente del entoo histórico pero tampoco ante la nueva tendencia que impulsa a matar al abuelito. El Borges que surge de la interacción de los testimonios no es el de la iconografía tradicional (¡no se pronuncia la palabra laberinto en toda la película!) sino el de las opiniones fuertes, algunas escandalosas, siempre a contrapelo del lugar común.
The strategy employed by Montes-Bradley when it comes to Borges, a writer of whom almost everything has been said, consists on giving the word to the writer himself and to a select group of intellectuals who dwell on the margins of the argentine cultural apparatus. Montes-Bradley, however, does not exhibit Borges like a painting to be admired but rather as counterpoint to the observations of others. We are neither the hapless witnesses of another saccharine celebration of Jorge Luis Borges, nor are we forced to endure another fashionable defrocking of an idol. The Borges that emerges from the interaction of the testimonies in this documentary surges from the heat of the debate, from the strong opinions, some certainly scandalous, most politically incorrect.
COMENTARIOS CRITICOS
DE IDEAS Y PARADOJAS Harto The Borges es un filme documental tan provocativo como el personaje que analiza. por Aníbal Vinelli. Clarín, Buenos Aires. Jueves 14 de setiembre de 2000
Con Harto The Borges, Eduardo Montes-Bradley ha obtenido un documental tan provocativo como el personaje en cuestión. No se trata de la obra definitiva sobre Jorge Luis Borges: tal maravilla probablemente nunca existirá, tantas eran las facetas y ambigüedades del escritor. Sin embargo, Harto... propone una aproximación valiosa a la figura pública mediante una ecléctica variedad de fuentes, desde fragmentos de largometrajes como El nombre de la rosa o La intrusa, alguna añosa canción con Maurice Chevalier diciendo, jocoso, los beneficios de ser sociable o un noticiero con Narciso Ibáñez Menta y Enrique Serrano visitando la casa de Evaristo Carriego, hasta lo más significativo que son los testimonios de Ariel Dorfmann, Martín Caparrós, Osvaldo Bayer, Christian Ferrer y otros intelectuales: aún los más críticos entre ellos —y en Borges había facetas merecedoras del desacuerdo— no negarán la dimensión pensante del autor.
Todo surge de la afirmación borgeana de estar harto de sí mismo que, como la escasa valoración que en público asignaba a parte de su obra, resulta una suerte de extraña cortesía oriental no muy creíble, aún en un literato que probablemente haya muerto corrigiendo la coma de menos o el modismo de más.
Desfilan sus amargos pensamientos y escritos contra el peronismo o Carlos Gardel. Que no estaba a la altura de los cuchilleros jubilados que conoció Borges y que usaba polvera. Es cierto, era actor y se maquillaba. Pero el desprecio proviene, en verdad, del cariño del escritor por los tangos de la Guardia Vieja sin letra.
Borges deslizará un piropo estético hacia María Kodama y subrayará los indiscutibles amores por Doña Leonor Acevedo, su madre, y por aquellos otros monumentos de Robert Louis Stevenson, Joseph Conrad y Rudyard Kipling.
Harto The Borges, que se exhibe en copia de video en una pequeña sala de 34 mullidos asientos, es cine de ideas, correcto y limitado, que no derivará en pasión de multitudes. Ojalá llegue a eso —a una apreciación más discreta y, por tanto, más de Borges— cuando se emita por televisión.
UN INTENTO DE DESMISTIFICAR AL MAESTRO Por Adolfo C. Martínez. La Nación, Buenos Aires. Jueves 14 de setiembre de 2000
Ya con su anterior documental, Soriano, Eduardo Montes-Bradley había demostrado una sutil e inteligente forma de presentar a un personaje literario más allá de las convenciones de rutina. Con Harto the Borges, el realizador retoma esa mirada y tomó como disparador una entrevista televisiva de 1979 en la que Antonio Carrizo dialogó extensamente con el autor de El Aleph. Mediante este extenso reportaje aparece el Borges contradictorio, el que se refiere a su cumpleaños como una fecha incómoda, y también el apócrifo, aquel que no sólo decidió inventar una mitología de Buenos Aires, sino también el que decidió crear o inventar una propia mitología en too de su figura, con sus permanentes alusiones a su árbol genealógico.
En una paciente y exhaustiva investigación por bibliotecas y archivos, Montes-Bradley recorre el micromundo borgiano en el que muestra a su personaje hablando de la democracia, de la política, del cine y de la literatura, entre muchos temas más. Por medio de estas manifestaciones a veces irónicas y otras controvertidas y engañosas se retrata a un Borges para la polémica. El filme atrapa desde el comienzo por su estilo y por su forma. Montes-Bradley se adueñó de una cámara nerviosa y de sugestivos ángulos (felizmente nunca pretenciosos) para mostrar la otra cara de Borges, esa cara de la que muchos sienten pudor de desenmascarar para no contravenir las leyes en uso.
El realizador hizo más aún. Convocó a un grupo de intelectuales argentinos y extranjeros -Martín Caparrós, Osvaldo Bayer, Ariel Dorfman, Mempo Giardinelli, Christian Ferrer, Luis Sepúlveda y Alejanro Horowicz, entre otros-. Ellos aportaron sus opiniones acerca de ese Borges en apariencia intocable que, como hombre y como artista, convivió con sus caprichos, con su espíritu argentino y su pensamiento europeo. Posiblemente el film invite a la discusión. Y si eso ocurre será bienvenido, ya que aquí está ese Borges imbricado en el respeto a sus antepasado, en su personal y subjetiva opinión acerca de la historia contemporánea, en su concepto de la literatura, en su sentimiento de pertenecer a una élite y al desprecio gentil que siempre lo caracterizó. En esta oportunidad, para Montes-Bradley lo más importante no es la visión de los otros -que la hay, y muy aguda-, sino la complejidad del pensamiento borgeano y la relación de esta complejidad con el conjunto de la sociedad.
Harto the Borges no intenta ser un documental frío y didáctico, sino todo lo contrario. Apunta, y lo logra, desmitificar a una de las más valiosas plumas del siglo XX. Si para ello se ampara en expresiones o escenas que pueden llegar a la polémica, la culpa no es de Montes-Bradley, sino de la propia personalidad de Borges. Y ello, quizás, sea el mayor atractivo de este documental que debe verse. Para coincidir o para disentir.
LAS RELIQUIAS NO CANTAN Por Gustavo Noriega. El Amante, Setiembre 1 de 2000
Luego de las escandalosa jibarización de Borges realizada por Tristán Bauer, Harto The Borges vuelve a poner al escritor bajo una lupa más justa y fundamentalmente, más inteligente. La estrategia de Montes-Bradley para hablar de un escritor sobre el cual ya se ha dicho todo consiste en darle la palabra al propio Borges y a un grupo de intelectuales ubicados un poco al costado de la vida institucional de las letras. Como sucedía en la película de Bauer, cada vez que el maravilloso viejo aparece todo lo demás se hace humo, tal es la magia de su hablar quebradoy fatigoso. Pero Montes-Bradley no lo pone como un cuadro a ser admirado (aunque yo haya hacho eso) sino como ilustración y contrapunto a las observaciones de Horacio González, Christian Ferrer, Ariel Dorfman y Martín Caparrós, para nombrar solo a los más interesantes. Haber elegido a este tipo de intelectuales significa que el director prioriza una perspectiva que puede ser crítica pero que no ignora el calibre de lo que se está hablando. No estamos aquí ante una celebración cholula proveniente del entoo histórico pero tampoco ante la nueva tendencia que impulsa a matar al abuelito. Por otro lado, la conversación abarca no solo su letra escrita sino sus comentarios, boutades y respuestas de las infinitas entrevistas que concedió en los últimos años de su vida. Según Ferrer, esta prodigalidad oral de Borges responde a una estrategia destinada a desbaratar las banalidades y los lugares comunes instalados en nuestra clase media.
Seguramente a Borges no le hubiera gustado esta descripción, lo que no quiere decir que no sea justa. El Borges que surge de la interacción de los testimonios no es el de la iconografía tradicional (¡no se pronuncia la palabra “laberinto” en toda la película!) sino el de las opiniones fuertes, algunas escandalosas, siempre a contrapelo del lugar común. Si su escritura no ha hecho escuela (es difícil no tratar de escribir como Borges sin sentirse un tonto a menos que uno sea un tonto), su ligera ironía al hablar, el arte de la injuria como dice González, tiene en Martín Caparrós, la segunda estrella de la película, a un digno heredero.
INTERESA UN INCISIVO DOCUMENTAL SOBRE BORGES Por Paraná Cendrós. Ambito Financiero, Jueves, 14 de setiembre de 2000
Interesante documental de Eduardo Montes-Bradley ('Soriano'), sobre la figura pública del escritor. Mezclando entrevistas, fotos y películas, un programa televisivo, un dibujo animado y hasta un significativo dibujo de Eva Perón hecho por el propio Borges, el resultado es un verdadero aporte a la discusión.
Se ha dicho que éste es un documental borgiano sin laberintos ni espejos. Es cierto, no hay laberintos ni espejos, sino meandros, por donde viajan otros autores, o el propio escritor, embarcado en los agradables reportajes que supo hacerle Antonio Carrizo. A propósito, algunos dicen que el escritor humillaba sutilmente a sus entrevistadores. Puede ser, pero lo que aquí se ve parece más bien un maestro corrigiendo con una sonrisa al estudiante de juicio apresurado. Pero alguien especifica el tipo de burla: Quién de nosotros, en su sano juicio, le diría a un conductor de televisión 'usted ha mejorado lo que dije'?
Siendo así, hay que agradecer el insano juicio de Georgie. Pero hay espejos. De algún modo cada uno de los que aparecen opinando en el film es un espejo del Maestro, que en ellos refleja alguna de sus múltiples figuras, sean luminosas, o más bien oscuras o desagradables.
Hay quien le reprocha con odio sus ideas políticas, hay quien lo llama un genial impostor de la erudición que actuó siempre desde la impunidad de los ciegos, y hay también quienes lo miran de un modo más ecuánime, o más agradecido (relevantes, Ariel Dorfmann, Franco Lucentini, el peronista Horacio González, e inclusive Martín Caparrós). Entre todos componen también un reflejo de nuestra sociedad. A su vez, el mismo Borges, más claro y brillante que los otros, resulta espejo de antiguas pesonas, de algunsa ilusiones, y de algunas realidades de siempre, o de otros tiempos. Yo no hice otra cosa que nacer en el siglo pasado, dice el hombre, refiriéndose al que ya es antepasado, y agrega: Trato de merecer ese siglo, tan superior al actual, pero también es una realidad en cada época.
Hilvanando entrevistas, abundantes fotos, películas a veces inesperadas, un par de programas televisivos, un mordaz dibujito animado de Vicky Biagola y Liliana Romero, una canción de Maurice Chevallier que recomienda ser sociable en el momento menos inimaginable, y un significativo dibujo de Eva Perón, hecho por el propio Borges en 1946 (afortunadamente conservado en la Virginia University), el inquieto realizador Eduardo Montes-Bradley, el mismo de 'Soriano', elude hacer una obra definitiva. Lo que ha querdio hacer, y lo consigue, es una obra incisiva, lo cual es mucho más interesante. Vale la pena.
LOGRADO DOCUMENTAL DE MONTES-BRADLEY por Isabel Croce. La Prensa, Jueves, 14 de setiembre de 2000
Harto the Borges es un singular testimonio sobre el autor de 'Fervor de Buenos Aires' que tiene la particularidad de brindar no sólo las opiniones complacientes, tan caras en la celebración del año borgiano sino las que despiertan polémica y aquellas que nunca se vierten en los homenajes, las ocultas, pudorosas o exaltadas. Así se suceden los conceptos vertidos por prestigiosos intelectuales que desde su perspectiva ideológica aceptan, desvalorizan, culpan, exponen su propio trayecto vital aprovechando la oportunidad de que sus opiniones sean escuchadas. Son gente de la Argentina, Latinoamérica y Europa, conformados por la literatura y la filosofía. Martín Caparrós, Christian Ferrer, Horacio González, Osvaldo Bayer, Alejandro Horowicz, Mempo Giardinelli, Ariel Dorfmann, Luis Sepúlveda, Paolo Collo y Franco Lucentini. El director Montes-Bradley trata de fijar la imagen del Otro Borges, ése al que le ocurren las cosas, del que tiene noticias por el correo, el de la tea de profesores, la que le gustan los relojes de arena, los mapas, el sabor a café.
Juego de la verdad
En este segundo filme documental del director de 'Osvaldo Soriano, un retrato', la búsqueda de la llave hacia la identidad va a ser tan caótica como el juego de la verdad. Porque las figuras del universo no son blancas ni negras, son capaces de los actos más aberrantes y los instantes sublimes. En este documental va a desfilar el Borges que con Eesto Sábato asiste al encuentro con un arquetipo del Proceso como el general Videla, él que dice se dice conservador como una forma de escepticismo pero también el que adora esa madre-guía capaz de, como él susurra, dar con las palabras justas del final de 'La intrusa', uno de sus mejores cuentos. Ahí está Borges y un dibujo desconocido que habla de sus fantasmas y sus miedos, esa Hydra de varias cabezas, capaz de fraccionarse y multiplicarse arrastrando los rostros de Hitler, Trotsky, Rosas y una inconfundible Eva Perón de lacios pechos mortecinos. Y acá también se asoma un Borges respetuoso, huésped de Pinochet, en un Chile de coroneles. 'Harto the Borges' ha sido filmado en locaciones de Buenos Aires, Ginebra, Torino, Waimar y Amalfi con material del Archivo General de la Nación, la Universidad de Virginia, momentos de 'Los paseos con Borges', de Adolfo García Videla y testimonios directos que incluyen una entrevista en que el animador Antonio Carrizo habla con él y una desconocida María Kodama.
El filme revela un director con mucho aún para entregar estéticamente. Una cámara que se monta en el rostro de los entrevistados, en sus pieles escamosas por la cercanía impúdica de la cámara, en el vello de una mano o la delicadeza de un cristal a través del cual se percibe un rostro y se escucha una voz. Un Montes-Bradley capaz de unir en fresca simbiosis el Borges de Osvaldo Bayer con el del dibujito animado en que mientras la canción entona 'Japonesita ven' un atrevido Jorge Luis Borges encendido con luces de colores se delira en volteretas faunísticas detrás de una misteriosa Butterfly de quimono y abanico.
BORGES, LA COMPLEJIDAD DE LA NADA Por Pilar Roca, Universidade Federal da Paraíba
Entre medios planos de Borges y planos parciales de escritores y críticos, que en su mayoría dicen admirarle tanto su obra como condenar su postura política, Montes-Bradley hilvana el drama argentino de la identidad vacía. Del blanco y negro al color, de entrevistas personales a trechos de películas, ya sea adaptadas de sus cuentos o ya sea como imágenes que le incluyen o tematizan, en Performance, de Migg Jager y El nombre de la rosa, Borges aparece como un personaje literario que dice estar siempre en fuga pero siempre acaba por volviendo. Documental incompleto por ser de autor y por ser una manera del propio autor, Montes-Bradley, arrojar su interpretación sobre lo que considerada la esencia del ser argentino, su respeto por Borges no impide verle con fisuras. Para Borges la literatura era un entretenimiento íntimo, personal, un guiño de clase y un juego con la lengua, casi siempre despreciativo a partir de términos formales –olor, comportamiento- que es propio de la clase a la que perteneció y a la que sólo resta recordar con tristeza porque durante la dictadura de los años setenta demostró que podía ganar.
A través del tratamiento interrumpido de la entrevista a Borges, el director muestra la doble moral que triunfa a partir de un tratamiento del lenguaje limpio, impoluto, de frases cortas y redondas frente a una pragmática y una política sucia. Reforzado en todos los derechos que su clase afincada en el país le da, apoyado en los valores que se amparan en formas exquisitas y en una acción deshumana, Borges frivolizaba la lengua, la literatura y la estructura social que de ella dimana, aunque lo hiciera virtuosamente. Esa es la desgracia y el drama de Argentina, el hecho de haber gestado uno de sus mejores escritores a partir de su segmento social más terrorífico. Para Borges, la literatura que producía, y la única que valía la pena, venía de un placer solitario, o a lo sumo de dos, un placer hecho de frases breves y exactas que sonaban como latigazos llenos de verosimilitud literaria y de horror humano que, después de surgido, contemplaba como un espectador irónico. El crítico Luis Sepúlveda lo deja claro en el documental cuando dice que Borges se inventó una erudición que nadie cuestionó, es más, que se asumió como verdadera y que lo hizo bajo la impunidad de los ciegos. La figura del ciego levanta pena, misericordia, ayuda y adhesión, mientras que la del sordo induce a la risa. Y Borges lo sabía, Borges conocía las fisuras de su sociedad y las usaba a su favor con extremada facilidad. Brota de su literatura la cierta convicción de que el ser humano que delinea en cuentos como La intrusa retrata universales reales y no prejuicios suyos y de su clase. La literatura borgiana quiere salir del papel e imponerse en la definición de lo humano como si fuera una sentencia divina e inventa una historia para rescatar en el espacio virtual de un país-biblioteca el espacio público que una masa operaria, trabajadora y maloliente estaba tomando a la bonita ciudad de Buenos Aires, la ciudad de Leopoldo Lugones, de Rubén Darío, de Alfonso Reyes. Una masa que era sucia porque trabajaba.
Montes-Bradley utiliza como texto básico una entrevista a Borges para reescribir su versión sobre lo que, en su opinión, es la esencia de la argentinidad. Usada a modo de palimpsesto da entrada sobre ella a voces de críticos, escritores, comentaristas de cine que observa su obra a la luz de la historia reciente de la argentina, a partir de ese espíritu tan fuerte y tan frágil que se resume en el conjunto de los valores personales y comunitarios. Es en esa reescritura donde Montes-Bradley muestra la falta de consenso y la incoherencia entre un culto a la estética violencia y el respeto por el valor básico que reside en el ser humano como es el respeto por vida en sus más diversas –y sucias- formas. Montes-Bradley los incorpora para entender el vacío de la identidad argentina, el escritor habla de su madre, de su literatura, de sí mismo recuerda el gran conversador que era, mientras que los críticos se incorporan a su discurso y lo interrumpen de manos de Montes-Bradley, recordando el enigma que era Borges por el simple hecho de no querer reconocer que una de las cumbres de la literatura argentina sea tan brillante escritor como farsante.
La imagen de farsante es usada por el propio Borges cuando se declara en fuga y continuos regresos por vía literaria, creando una apariencia de movimiento que recuerda a la de los dibujos animados. No es un movimiento real, ni tampoco importa, es la sucesión más rápida de la que el ojo humano puede captar y que la habilidad de un mago imprime a imágenes aisladas y hieráticas. Es la técnica de usar las palabras ajenas, torcerlas, manipular las fuentes, retirar el contexto en el que fueron dichas y adquirían su sentido. Esa es la estrategia básica de Borges cuando Montes-Bradley le deja hablar en una de sus más brillantes trampas del lenguaje. Relata Borges que visitó a Rafael Cansinos-Assens en Madrid y le elogió un poema sobre el mar, elogios a los que Cansinos-Assens respondió con el deseo de conocerlo algún día. Como siempre, para Borges no hacía falta el mar, bastaba un poema de un hombre que sustituiría una verdad existencial por una categoría de belleza tan vacía como su propia identidad.
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